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domingo, 26 de abril de 2015

Primavera

Siempre hay algo de locura en el amor;
pero también siempre hay algo de razón en la locura
F. Nietzche


Si alguna vez quieres
       un poema triste
verdaderamente triste y dolorido
llámame.
Los escribo en un minuto

Si alguna vez quisieras
          hacerme realmente daño
no podrías
causarme tanto dolor
       como el que ahora siento
Sin que tú lo sepas
Sin que tú lo quieras
Sin que yo pueda soportarlo

Y es que no ha podido entrar
                  con peor pie
esta puta primavera

A qué tenemos miedo
       ¿al frío?
tu cuerpo es la más absoluta derrota
de todo lo frío
       que hay en la vida
A quién tenemos que cuidar
    ¿a quién? ¿a quién, dímelo?

Siempre me enternece tu locura, dices
pero yo no quiero
 no lo quiero
que me acabe endureciendo tu cordura

viernes, 24 de abril de 2015

SMS

La tortilla sin cebolla
tiene tu cara
y en tus besos
hay aromas de orujo
el jamón en mi boca
tiene tu sabor
y la espuma de la cerveza
es tu risa

Tu cuerpo es mi despensa
y tus palabras
el licor de mi sonrisa

jueves, 23 de abril de 2015

Sin título

Si fuera cuerpo
el deseo
si liquen –hongo y alga-
si estela

Si humo fuesen
las caricias
epítome o periferia
si núcleo

Si no fueran vértice
las miradas
veneno, lluvia
si no panal

Si tu piel
no fuera lava
mundo, bóveda
si no navío

Si la risa fuera
tundra
si licor –alcohol y mosto-
si algoritmo

Si no fuese yo
epígono
si no estrato, símbolo
si no fuera presente

(yo no sería yo si no te hubiese conocido,  escribiste)

miércoles, 22 de abril de 2015

El río

Otoño. El frío. La hojarasca
El sol. Barro. Un cigarrillo
Brisa. Miradas. Más miradas

Un paseo. Árboles. El camino
Las aves. Olores. Más miradas
Sonrisas. La gente. Un tren

Los cuerpos. Deseo. Y una nube
La palabra. Un roce. Otra mirada
Caricias. La luna. Más caricias

El río. Pasión. Un abrazo
La hierba. Humedad. Más humedad
Un rumor. Silencio. Más miradas
La ropa. Calor. Más calor
Manos. Más manos. Y más manos
Más abrazos. El ansia. Y cuánta ropa

El sofoco. Suspiros. Más miradas
Abandono. Más suspiros. Más miradas
Más suspiros. Jadeos. Más miradas
Más jadeos. Y más suspiros. Más miradas
Más calor. El ahogo. Y más miradas
El árbol. Y más suspiros. Más jadeos
Más manos. Más jadeos. Y más jadeos
Más miradas. Jadeos. Más jadeos
Más jadeos. Más suspiros. Y más miradas

Temblores. Espasmo. Y más temblores
Un gemido. Deleite. Un ronroneo

Otro suspiro. Una sonrisa. Y tu mirada

martes, 14 de abril de 2015

lunes, 13 de abril de 2015

domingo, 12 de abril de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

viernes, 10 de abril de 2015

jueves, 9 de abril de 2015

jueves, 26 de febrero de 2015

El tren de la noche


                                                                                                  Hay algo más triste en el mundo
                                                                                                  que un tren inmóvil en la lluvia?
                                                                                                  Pablo Neruda

El aire de cristal, a punto de quebrarse,
desdibuja ya todo límite de cordura.
Desnuda y evidente, manifiesta,
quizá en ti misma muerta ya sin agonía
-desde tu esencia insondable
aciaga privación de la certeza-
te transformas en una rota melodía
con los perfiles mórbidos o convulsos,
de contornos funestos y pétreos.

Ruidosamente rítmica retorna
a devorar distancias, la derrota
-el abandono-, una vez más partiendo
de aquel último andén de la estación.
Cincelando translúcidos momentos
inicia su marcha, urde la huída,
motores intrigantes que me arrastran
y se afanan en agrandar el frío,
empeño cinético hacia el olvido.

Amalgama de sombras en torno a un punto
-quizá ya sólo un amasijo de recuerdos,
torcidos y derrotados por la ausencia-
en el que sobreviven apenas vestigios
de caricias y relámpagos de risas,
casi inexistentes trazas
de aquellas pequeñas muertes,
auguradas por tus ojos licuados,
envueltas en palabras e ilusiones dibujadas.

El crepúsculo torvo y condenado
desdibuja las vías troqueladas
y con dedos quebrados acaricia
este dolor del que deserto, a ciegas.
Férreo camino sin marcas ni pautas,
máquina que respira mi agonía,
a un ritmo seco de amargos impulsos,
que pugna, luz ciclópea, con la noche
para acuñar un incierto destino.

¿Cómo ahormar el soplo primigenio
que habría de asombrar, irisado,
a cualquier duda surgida de tu cuerpo?
¿Qué hacer vibrar en este recorrido
sin pulso ni retorno posible,
cuándo aludir y enunciar?
¿Con qué fluidez se barajan y reparten
los cortantes límites –nunca porosos-
de aquel fulgor, ahora ahogado en silencio?

                        Traquetean temblando los vagones
                        en mí, transido de la noche al miedo.
                        Huyo de aquella metáfora incierta
                        -mi imagen reseca omitida en ti-
                        hasta la certidumbre del olvido.
                        La oscuridad desemboca en un túnel,
                        -interminable como tus presagios-,
y éste desagua de nuevo en la noche;
tinieblas otra vez como certeza.
           
Necesito distar –en planos desacordes
y un tiempo intransitivo-
de todo núcleo de esperanza.
Mi sangre, el deseo replegado,
no pueden enraizarse sino en sombras,
en áreas de légamo esculpido,
y no soportan ecuaciones sin llanto,
apenas suplican, balbucean,
con un tremor denso ya embarrado.

                        Y ronco, cabizbajo, derrotado,
en el hondo fracaso de tu noche
ese tren se detiene delirante
y las lágrimas frías de mi lluvia
barnizan los cristales despoblados,
empapando su luz amortajada,
y oxidan los raíles, el futuro,
reclamando –esencial, funesto, terco-
un lóbrego destino: la amargura.

(© José M. Alvarez)